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Más de lo mismo el Día Mundial del SIDA

Phllip Stevens

Cada año, el lobby del Sida utiliza su Día Mundial el 1º de diciembre para ensayar soluciones repetidas a este flagelo, mientras el número de víctimas aumenta a ritmo constante. Este año el eslogan es "Detengan el Sida. Mantengan la Promesa", un llamado a gastar más dinero en ayuda para enfrentar la enfermedad.

La idea de que el Sida en los países pobres solo puede ser combatido con grandes sumas de dinero resulta políticamente atractiva. Pero este enfoque no está brindando soluciones sustentables al problema del HIV. En su lugar, este año el Día Mundial del Sida debe verse como una oportunidad para sugerir soluciones más efectivas.

Primero, debemos preguntarnos qué es exactamente lo nos está pidiendo el Día Mundial del Sida. En primer orden está más dinero para el programa insignia de la Organización Mundial de la Salud "3 para el 5", el cual inicialmente esperaba lograr que tres millones de personas tuvieran acceso a un tratamiento anti-retroviral para finales de este año. A un mes del plazo, todo sugiere que la OMS se quedará muy corta en alcanzar dicha meta.

El programa "3 para el 5" es un ejemplo de iniciativa centralizada que ha fracasado porque fue secuestrada por el lobby del Sida. Por años estos grupos han impulsado el "tratamiento para todos", a pesar de que los deteriorados sistemas sanitarios de los países pobres no están en capacidad de distribuir medicinas a todos aquellos que las necesitan, y menos aún en monitorear el tratamiento. Una estrategia más considerada habría reconocido este hecho, y enfatizado a cambio en la prevención. Como resultado, el número total de personas infectadas con Sida ha aumentado desde que el programa empezó. De hecho, el 2005 atestiguó el número más alto de nuevas infecciones desde que se tiene registro.

La razón por la que el Sida es tan persistente no radica en el costo de las medicinas, o la falta de ayuda, sino en que muchas regiones pobres del planeta sufren de una sofocante opresión política y económica.  

Importantes expertos en salud pública han manifestado de manera unánime que la prevención es de suma importancia para combatir el Sida. Sin embargo, la situación política ha impedido diseminar este mensaje. Por ejemplo, recientemente el gobierno tailandés reprimió a los adictos a drogas intravenosas. La consecuencia: el consumo de drogas se volvió aún más clandestino, y una discusión abierta sobre el uso de jeringas esterilizadas se hizo imposible. Como resultado, la tasa de infección de VIH entre drogadictos se está disparando.

La opresión económica es un aliado aún más importante de esta enfermedad. Cuando los gobiernos restringen la habilidad de las personas de iniciar negocios e intercambiar bienes y servicios libremente bajo un régimen de Estado de Derecho, se garantiza la existencia de pobreza y desesperanza. La miseria lleva a que padres de familia desesperados vendan sus hijos al comercio sexual, y que mujeres pobres con pocas oportunidades de empleo opten por la prostitución. El abuso de drogas abunda. En las villas de miseria del Tercer Mundo, el HIV encuentra su terreno más fértil.  

Hasta el momento los países ricos están proponiendo respuestas equivocadas para combatir el Sida. Dar más ayuda financiera podría complacer a algunos rockeros irlandeses, pero su impacto será nulo o negativo. En su lugar, los países desarrollados deberían instar a las naciones pobres a instituir derechos de propiedad y promover el respeto al Estado de Derecho. Esta es la única manera en que los beneficios del crecimiento económico alcancen a los pobres y les permita escapar de las condiciones que facilitan la transmisión del HIV.


Philip Stevens es director de la Campaña para Combatir Enfermedades, una ONG que promueve soluciones prácticas a las enfermedades de la pobreza.

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