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La necesidad de la reflexión

Por:  José Javier Villamarín

El cambio

Los jóvenes, las minorías, los profesionales blancos, los votantes por primera vez, un substancial margen de indecisos y un importante número de mujeres de clase media y de raza blanca,  según varias opiniones, empujaron la histórica victoria del presidente electo de los Estados Unidos, Barak Obama.

El senador de Illinois, aunque aún queda muy lejos de las cifras obtenidas por el republicano Ronald Reagan (58.8% de votos y 525 votos electorales en 1984), alcanzó el 52.5% de los votos, un porcentaje que ningún demócrata había cosechado desde Lyndon Johnson en 1964 (61.1%), superando incluso el 50.1% sentado por Jimmy Carter en 1976.

El candidato demócrata ganó las elecciones en nueve estados que legendariamente se han identificado con el partido Republicano (1) y en todos aquellos en los que su coideario John Kerry consiguió  importantes resultados en 2004. Obama fue electo por 364  ‘votos electorales’ contra 173 alcanzados por el candidato McCain, y en el denominado ‘voto popular’ a nivel nacional, como se dijo, obtuvo el 52.5% frente al 46.2% alcanzado por su opositor.  En medio de todo esto, un dato relevante es la victoria de Obama en Pensilvania, un estado en el que Hillary Clinton dominó ampliamente en las elecciones primarias, lo que es un indicativo del apoyo absoluto no solo del partido, sino también del matrimonio Clinton a su candidatura.

La realidad

Obama tendrá que conducir la nación más poderosa del mundo en medio de dos guerras en curso  y  de una crisis económica solo comparable a aquella de la Gran Depresión que inició en 1929, pero hoy, en una economía globalizada (2). Una crisis que va acompañada de una enorme burocracia federal, municipal y estadual y de un país hondamente endeudado tanto a nivel gubernamental como particular.
Estos temas no pueden ser postergados durante el ‘periodo de transición’, mas bien, deben ser ponderados desde ya,  al igual que otros, de orden externo, y que merecen singular atención, como la lucha contra el terrorismo, una perceptible crisis de liderazgo, una inusual  incertidumbre global y, por supuesto, el auge de gobiernos populistas en América latina que con sus actos siguen rutas agudamente divergentes con la identidad occidental de la región. Así se explican, las relaciones que los gobiernos de Rafael Correa y Hugo Chávez, por ejemplo, impulsan con Irán,  país en el que se predica un manifiesto sentimiento anti-occidental.

 Y es que la luna de miel presidencial en tiempos de Obama va a ser demasiado corta, o simplemente no va a existir, porque después del triunfo, de inmediato, se impone la necesidad de la reflexión… del realismo frente al ideal.

La necesidad de la reflexión

De acuerdo al diccionario de la Real Academia de la Lengua, el vocablo ‘ reflexión’  se define como la ‘acción y efecto de reflexionar’ y, ‘reflexionar’, significa, ‘considerar nueva o detenidamente algo’.

En 2003, Jim Powel (3), académico titular del Cato Institute, se preguntaba si Estados Unidos debiera ensayar algo parecido al ‘New Deal’ de Roosevelt de encontrarse, asimismo, en otra crisis económica seria. De entrada respondió que aunque a Roosevelt se le puede reconocer sus buenas intenciones, sus políticas fueron contraproducentes. En efecto, al desincentivar a los inversionistas a tomar riesgos, al triplicar los impuestos federales, al encarecerle al empleador el costo de contratar gente y hacerle más difícil la posibilidad de acumular capital, Roosevelt prolongó el desempleo que promedió un 17% durante la era del ‘New Deal’, de manera, que el ‘ Nuevo trato’ , el del siglo XXI, me parece que debe tomar otro sendero, uno en que el Estado fortalezca y coadyuve donde sea necesario, el esfuerzo de los individuos en pos de una sociedad libre. Se quiere un Estado ágil, dinámico, sin que ello signifique ‘estatismo’ en el que éste sustituye al individuo, el real ‘protagonista del cambio’.

Al igual que Roosevelt, Obama, al inicio de su campana se apoyó en un discurso aislacionista, pero al        ‘volver a considerar nueva y detenidamente’ su discurso, es decir a ‘reflexionar’, es evidente su toma de conciencia en torno al concepto de ‘cambio’, de allí que el propio Obama, habló de un Estado ‘mejor’ en lugar de ‘más Estado’.

Es de esperar que Obama oiga su voz interna –su propia ‘reflexión’– al momento de gobernar, más aun si se ve presionado por algunas facciones demócratas a las que les gustaría convertir su mandato, tomando las expresiones de Álvaro Vargas Llosa (4), en una ‘expansión roosveltiana del Estado’. De ser así  –continúa este pensador-, la capacidad de los Estados Unidos para competir en el mundo global se vería resquebrajada y la extraordinaria coalición social de Obama no subsistiría a su administración. Esperemos que no sea así.

Notas.
(1) Por solo citar dos ejemplos, Virginia  que ha mantenido esta fidelidad ideológica desde 1964  e Indiana que ha hecho lo propio desde 1968.
(2) Según el criterio de algunos expertos reunidos en un encuentro del Foro Económico Mundial en Dubai existe una real posibilidad de una depresión internacional profunda. A medida que la crisis financiera restringe el acceso al crédito para las empresas y golpea a la economía, los economistas han reducido sus proyecciones, con una recesión que hoy es una posibilidad concreta en las principales economías industrializadas. AMERICA ECONOMIA, ‘Posible depresión complica cumbre del G-20’, Finanzas, 10 de noviembre de 2008.
(3) JIM POWELL, ‘El mito de Roosevelt y su Nuevo Trato’, Instituto CATO, 24 de noviembre de 2003.
(4) Álvaro Vargas Llosa, ‘La coalición de Obama’, 5 de noviembre de 2008. Instituto Independiente.

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