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11/12/2017

La mujer adúltera

Por: Miguel Angel Boloboski Ferreira

 “Maestro (Jesús), esta mujer es una adúltera y ha sido sorprendida en el acto. En un caso como este la Ley de Moisés ordena matar a pedradas a la mujer. Tú, ¿qué dices?” Le hacían esta pregunta para ponerlo en dificultades y tener algo de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como ellos insistían en preguntarle, se enderezo y les dijo: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le arroje la primera piedra” …… (Capítulo 8 del Evangelio de Juan) En esta parábola, la de la mujer adúltera; hasta el propio “Jesús, hijo de Dios”, se autoproclama pecador al manifestar “tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar”.

He querido iniciar este ensayo con la parábola bíblica de “la mujer adúltera”, pues el tema que nos ocupa y preocupa está tan arraigado en nuestras cotidianas vidas que en la mayoría de los casos siquiera la percibimos en nuestro propio actuar. Nos referimos a la corrupción.

Mucho se ha escrito y se escribirá sobre ella, pero más que enfrentarnos de cuando en cuando y de vez en vez a los hechos producto de actos de corrupción debiéramos preguntarnos: ¿cuál es el génisis y el porqué de su existencia?, y ¿será posible una sociedad sin corrupción? Seguramente se podrían hilvanar otras más, pero a mi juicio, éstas resumen y contemplan las razones de ser y de solución de la corrupción, que en su enfoque social y legal constituye toda acción humana que transgrede normas legales y principios éticos establecidos por la comunidad a la cual pertenecemos.

Pero no hay que olvidar que la corrupción puede darse en cualquier contexto y no únicamente en el aspecto político que es el que mayor morbo genera.

Para la primera de nuestras interrogantes asumamos que es una enfermedad. Siendo así tendríamos que definir, qué tipo de enfermedad es. De ser endémica, es aquella que llegó para quedarse, difícil de erradicar, como el zika, la tuberculosis, las enfermedades virales y las bacterianas, por mencionar algunas. Pero cuando el endemismo se extiende a todo el globo terráqueo entonces lo que tenemos es una pandemia; y esto es en lo que se ha convertido la corrupción, en una verdadera pandemia, y como tal requiere de esfuerzos locales (países) con proyección global, entendiendo que la valoración de los aportes exige que cada Estado sea tratado en condición de igualdad; participando por convicción y no por coerción (verbigracia: OCDE)

Para la segunda interrogante, sí el problema fuese producto del analfabetismo, ignorancia e incultura del ser humano, pudiéramos asumir que la solución se encuentra en la educación. No necesariamente. Una educación sin valores, ética y moral es vacía es incompleta.

Adam Smith en su obra La Teoría de los sentimientos morales analiza y explora las conductas humanas. A lo largo de la obra el autor explica el origen y funcionamiento de los sentimientos morales: el resentimiento, la venganza, la virtud, la admiración, y por cierto la corrupción y la justicia.

En términos filosóficos, la naturaleza humana estaría diseñada para avanzar hacia fines o causas que no necesariamente son conocidos por los sujetos, lo que refuerza la teoría de que es por medio de la educación integral que se logra el objetivo, incluso como derivación del propio actuar del individuo.

Acudir al pensamiento de Smith desemboca en la necesidad de apelar a la moral y a la ética, para orientar el presente. Destacados economistas consideran que hoy más que nunca, la Ética (léase valores) se hace indispensable y que es en la obra de Adam Smith donde debemos buscar el camino para salir del extravío; vale decir corrupción.

Así parte de las estrategias para prevenir la corrupción consideran el fortalecimiento de la educación en valores ciudadanos y en el respeto por las reglas de la ley y las instituciones democráticas, de manera que transmitan cuáles son las distintas consecuencias individuales y colectivas de un actuar corrupto y del desapego a las reglas.

Eso sí; gobiernos y políticos todos, deben entender que los adeptos se ganan con él ejemplo; en donde actuación y liderazgo requieren un comportamiento ejemplarizante, eliminando la doble moral del que predica, pero no practica.

El autor es miembro de la Fundación Libertad


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