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25/06/2018

El flautista de Hamelin

Por: Miguel Angel Boloboski Ferreira

A menos de un año para que se realicen las elecciones generales del 2019, y en especial en lo referente a la contienda presidencial, el país se encuentra más divido que los carnavales tableños y sus reinas representativas de las calle arriba, calle abajo y punta fogón unido. Agrava lo anterior el realismo mágico que percibe el país ante la influencia de la pluma y perspectiva de los medios de comunicación locales (llámese televisoras, periódicos, radioemisoras) que empujan su propia agenda.

Se presume que habrá, a lo menos siete candidatos presidenciales, a saber y según mis fuentes: tres independientes; un oficialista liderado por el partido panameñista; un PRD (Partido Revolucionario Democrático), un CD (Cambio Democrático); y uno por el FAD (Frente amplio por la democracia). Las demás agrupaciones políticas serán parte de coaliciones y acuerdos electorales que logren los anteriores.

Planteado el escenario, demás está decir lo importante que resultará ser la elección de las distintas autoridades para el período 2019-2024. Con acuerdo al calendario electoral establecido estaremos siendo bombardeados por falsos profetas que simularán cualidades y se proclamarán poseedores de dones divinos y falsa imagen pública, que utilizarán para fines ocultos usualmente relacionados con intereses económicos personales y grupales. Así, yo que jamás he perdido una elección, pues nunca he sido candidato a nada, al igual muchos panameños me encuentro ante la dicotomía de qué hacer ante tamaña responsabilidad. Por lo pronto me encuentro en modo de reflexión procurando desde mi condición de docente universitario incitar y animar a estudiantes a que se informen, analicen, que asuman un pensamiento crítico, y que no actúen como corderos que al matadero van.

El pensamiento crítico es un proceso cuyo propósito es analizar, entender y evaluar el conocimiento al cual acezamos de distintas maneras y que pretende interpretar y representar el mundo, en particular las opiniones o afirmaciones que en la vida cotidiana suelen entregársenos como verdaderas; procurando reconocer y evitar prejuicios cognitivos; identificar y caracterizar argumentos; evaluar las fuentes de información; y, finalmente, valorar los argumentos desde la propia perspectiva del individuo luego de lo que denomino una íntima tormenta de ideas.

Tener pensamiento crítico no significa llevar la contraria a todo, o no estar de acuerdo con nadie, pues esto no sería pensamiento crítico, sino sólo un modo simple de pensar que se limita a contrariar lo que piensen los demás. Por lo tanto, un pensador crítico es humilde, tenaz, precavido, exigente, además de tener una postura libre y abierta.

Como parte del pensum académico de este cuatrimestre en la facultad de derecho y ciencias políticas de la Universidad Interamericana (UIP) optamos por analizar críticamente el famoso cuento infantil del “flautista de Hamelin”; el cual habla acerca de una ciudad infestada de ratas, de un flautista solucionador del problema, de la desconfianza y la confianza, de la necesidad y la dependencia, del incumplimiento de la palabra dada, de la venganza, del engaño, de la avaricia,  la auto complacencia, el miedo y el liderazgo. De todas las interpretaciones vertidas la que mayor respaldo obtuvo, probablemente por lo paradójico que resulta, es que incluso entre ratas, por más que te agrade la música acompasada del líder, siempre deberá haber tiempo para recurrir al pensamiento crítico; no sea que su liderazgo te arrastre al vacío, al igual que a los roedores del cuento.    

El autor es miembro de la Fundación Libertad

 


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