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28/08/2017

¿Salario Mínimo o Visión Mínima?

Por: Alejandro Vásquez V.

Ya inició la bienal discusión sobre el salario mínimo. A pesar de que Panamá cuenta con el salario mínimo más alto de América Latina, grupos organizados insisten en la necesidad de elevar el monto impuesto. Reiteradamente elevamos el sueldo mínimo con esperanzas de mejorar la calidad de vida de personas menos calificadas pero dichos aumentos no se traducen en las metas deseadas. Es una locura insistir con la misma estrategia y esperar resultados distintos; debemos revaluar como abordamos el acceso de trabajadores poco calificados al mercado laboral y promover la generación de rentas para toda la población.

Las cifras de la Contraloría General indican que desde agosto del 2012 (4.2%) a marzo del 2017 (5.6%) la tasa de desempleo ha subido constantemente. Paralelamente, el Gobierno aumentó el salario mínimo en los años 2012, 2014 y 2016. Si bien correlación no necesariamente implica causalidad, existe un grupo considerable de economistas que han concluido mediante estudios empíricos que un alza en el salario mínimo dificulta el acceso a trabajadores poco calificados al mercado laboral formal. Conclusión que concuerda con las acciones del gobierno y resultados publicados por la Contraloría. El salario no es otra cosa que el precio que paga un empleador por el trabajo de un empleado; cuando los precios son más caros las personas compran menos. En otras palabras, entre más costoso es para un empleador contratar a un empleado menos capacidad de contratar tendrá.

El alza forzada en el salario mínimo causa distorsiones en el mercado laboral. El costo de producción aumenta de forma general; quienes generaban un sueldo justo por encima del salario mínimo exigirán una mayor remuneración por su trabajo de mayor calificación. Los empresarios se ven obligados a trasladar sus costos a los consumidores subiendo sus precios de venta (irónicamente afectando a quienes se intenta proteger) o a poner en riesgo la rentabilidad de su negocio. Los empresarios que no resistan la baja rentabilidad quedan forzados a cerrar sus negocios alimentando el desempleo. Igualmente, emprender y generar nuevas plazas de trabajo se convierte en un reto más grande.

Los políticos se llenan de orgullo por su acto de “bondad y compasión”; que no tiene nada de bondadoso ni compasivo dado a que no son ellos, ni el presupuesto que manejan, quienes pagarán ese sueldo. Mediante el salario mínimo obligan a los empleadores a condenar al desempleo (con sueldo de cero balboas al mes) a toda persona cuyas habilidades no asciendan al valor del salario mínimo; ¿quién pagaría cien balboas por algo que vale cincuenta balboas? Aquel desempleado no solo pierde la oportunidad de generar al menos un ingreso mayor a cero, sino de adquirir experiencia y conocimiento que posteriormente se traducen en un mejor sueldo. No podemos dejarnos engañar por las viejas prácticas demagogas y sus promesas que a la fecha no han producido un resultado deseado. Es necesario incluir nuevas opciones en la discusión pública.

No pretendo tener la solución perfecta, simplemente destaco los problemas inherentes de la política tradicional y abogo por ampliar la discusión con nuevas alternativas. Una posible solución es el Crédito por Ingreso del Trabajo (utilizado en Estados Unidos) o Impuesto Sobre la Renta Negativo, un beneficio para las personas laboralmente activas y con ingresos bajos. El Estado reconoce un crédito fiscal o inclusive un reembolso en efectivo al contribuyente que producto de su trabajo genere ingresos por debajo de un monto. De esta forma se compensa la necesidad de mayores ingresos a trabajadores poco calificados, se incentiva al trabajo y no se le imponen costos arbitrarios al empresario. Dicha política tiene que ir acompañada por la reducción del salario mínimo y la eliminación de subsidios que no incentivan actividades deseadas, de tal forma que se pueden reasignar esos fondos al sistema de ISR Negativo.

La evidencia indica que el salario mínimo no es la solución para eliminar la pobreza y causa más problemas que beneficios. Hace falta una amplia discusión de las particularidades del ISR Negativo u otras políticas que ayuden a la competencia y creación de riqueza, lo destaco para demostrar que existen diferentes opciones para diseñar un mejor sistema en nuestro país. Perdemos una oportunidad de crecimiento e innovación si limitamos el debate al alza del salario mínimo.

El autor es amigo de la Fundación Libertad


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