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04/09/2017

La Sele y la Justicia: tragedias paralelas

Por: Roberto Brenes P.

Los panameños tenemos muchos anhelos, pero ahora dos muy importantes: clasificar al mundial de futbol y tener una justicia efectiva. Aunque no parezca, para lograr estas disimiles metas tenemos limitaciones comunes. Una mentalidad tercermundista frente al esfuerzo, el mérito y los resultados y de allí un modus operandi  crónico basado en la improvisación y en pensar que lo sabemos todo.

Desafortunadamente, para lograr estos objetivos se requiere mucho sudor, muchos esfuerzos, y sobretodo un plan.  Hace 4 años, cuando no clasificamos para ir a Brasil nos lamentamos y nos culpamos unos a otros por lo mal que lo hicimos. Lo mismo ha pasado con la justicia, entendiéndose por ella tanto el Ministerio Público como el sistema Judicial. Ante cada revés para desenmascarar, apresar y condenar los ilícitos y los abusos nos limitamos a apuntarnos los unos a los otros, encontrar chivos expiatorios pedir renuncias y… para de contar. Ir a Rusia o lograr las condenas y castigos que la sociedad merece necesita mucho más que eso.

Cuantos años, sino lustros tenemos de enfrentarnos a la ilegalidad, a la corrupción y al saqueo de nuestros activos sin éxito precisamente porque no nos hemos preparado ni física, ni intelectual ni económicamente ¿? Igual que nuestras selecciones de futbol corremos a improvisar un equipo y un plan cuando tenemos el adversario en las puertas. En futbol, Rusia, en la Justicia la grave coyuntura actual. Aquí nadie puede decir que la corrupción la inventó Ricardo Martinelli, ni que la falta de preparación de nuestra marea roja nace con Bolillo Gómez.

Estas pobres circunstancias están casi en nuestro ADN y mientras no miremos el fondo del problema, seguiremos con parapetos de último momento. Debemos reconocer que somos una Nación con un estado de derecho artificial y simulado que pretende  enfrentar los problemas de derechos y legalidad sin resolver primero la distorsión  de una república rota, sin separación de poderes, sin balances ni contrapesos. Una institucionalidad que gravita peligrosamente sobre una estructura política oligopólica y mercantilista, que no trae al gobierno  los mejores  ni los óptimos esquemas. Solo trae los favoritos de esa estructura de amigos y favores. Igual que el futbol, no siempre están los mejores  sino los mejor conectados y no hay incentivos para crear semilleros de ciudadanos (léase en futbol... de novatos) que realmente creen las estructuras que potencien y sostengan el éxito deportivo y la excelencia institucional.

Ante esa carencia de estructura, objetivos, esfuerzos y visiones jugamos a la improvisación. Así, en la justicia igual que el futbol ciframos nuestra suerte en el desempeño sensacional de una estrella y no de un equipo. Cuantas veces alzamos los brazos implorando por el buen presidente como imploramos por el Messi panameño.  Entonces esperamos  que la procuradora Porcell o la Magistrada Russo sean las heroínas o los chivos expiatorios de un juego que ya estaba perdido,  perdido por falta de equipo y de un apoyo institucional decidido. Ni la señora Russo ni la señora Porcell merecen el escarnio de una fanaticada que a duras penas se pone la camiseta del país y que prefiere gritar que apoyar.

Ahora la suerte ya está echada tanto en el futbol como en la política. En el campo de juego creo que lo que hagamos será muy poco muy  tarde. Por favor no le echemos las culpas al árbitro.

En la justicia, la segunda mitad del juego está por jugarse. Los fanáticos tenemos un deber de presionar por un juego de altura, sin estrellas ni estrellados. Y recordemos … que lo que no podemos permitirnos es perder por “penalties” y mucho menos por auto gol.

El autor es director de la Fundación Libertad


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