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11/09/2017

¿Quién vigila al vigilante?

Por: Bryan Brennan

Las instituciones de un país son el reflejo de la sociedad en las que se encuentran, puesto que ambas mantienen una relación simbiótica, lo cual nos permite analizar el estado de salud de una prestándole atención a la otra.

Dicho esto, es claro que en Panamá los casos de corrupción, la debilidad del sistema de justicia y el alto nivel de populismo que ya se ha convertido en la forma de hacer política, solamente son un síntoma de como sociedad hemos caído en una apatía generalizada frente al funcionamiento de la República y el Estado de Derecho.

Cuando los ciudadanos omiten su rol fiscalizador dentro del sistema, se envía el mensaje equivocado a las instituciones, de que pueden cometer actos de corrupción aunque sean mínimos y que pueden escapar con impunidad, ya que por un lado los pesos y contrapesos que provee la separación de poderes no garantizan certeza de castigo y por otro para al pueblo le es más fácil hacerse de la vista gorda bajo la excusa de "A mí no me interesa la política" poniéndonos en una paradoja eterna de ¿Quién vigila al vigilante?

Esto invierte las relaciones de poder ya que el representante electo pasa a tener dominio sobre los representados, y este hará hasta lo imposible por mantener ese orden intacto ¿Cómo? a través subsidios, donaciones, leyes a la medida etc...

Por eso vemos todos los días se caen casos importantes producto de tecnicismos jurídicos, ex – funcionarios que duran dos años en un hospital dilatando el debido proceso y otros siguen prófugos. Esto solo nos envía el mensaje, de que el sistema protege al sistema, y que nosotros solo podemos quedarnos impotentes frente a todos estos escándalos.

Mientras esto ocurre solamente una minoría se mantiene vigilante con plena convicción de su deber cívico, dando como resultado la creación de una "casta" que se encarga de exigir y velar por el respeto a la constitución, el imperio de la ley y los derechos individuales, sin embargo, esto no debe ser así.

Si queremos una sociedad abierta y libre, debemos cambiar esta situación que bien se puede explicar mediante el principio de Pareto en donde un 20% de la ciudadanía se encarga de vigilar el funcionamiento de la cosa pública de forma consistente y el 80% restante solamente le presta atención al "wichi" de turno que aparece en los medios, o alguna medida específica que le afecte directamente, aunque realmente todo lo que se decida en el Estado nos afecte de una forma u otra.

Invertir esta relación significaría devolverles la vida a las instituciones y recuperar el control ciudadano del gobierno, ya que todos estaríamos participando de forma activa en la construcción del proyecto conjunto que tenemos llamado Panamá y no estaríamos viviendo en una situación de subsidios intelectuales; ya que cuando alguien toma la responsabilidad ajena como suya está financiando con su tiempo, talento, habilidades e ideas el trabajo que le corresponde a otro.

“Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. dice aquella frase generalmente atribuida a Einstein, por ello si queremos ver un país diferente vamos a tener que dejar de permitir que otro cargue con nuestro costal, y empezar a tomar consciencia hoy de lo que podemos hacer nosotros para replantear el Estado panameño, de abajo hacia arriba, es decir desde los individuos hacia el gobierno, no al revés.

En las aulas de clase, las oficinas, empresas, en todos los espacios públicos disponibles, empecemos a tener estos debates, que son urgentes, no pueden esperar 4 años más y que venga otro “caudillo” a proponernos “cambios” sin realmente saber lo que puede esconder esa palabra detrás, como ya la historia nos ha enseñado antes.

Dejemos de tener una constitución solo para demostrarle al mundo que somos un país y empecemos a usarla porque somos una República; donde las normativas son eficientes, las leyes se aplican y se generan la menor cantidad de distorsiones porque todos o al menos la mayoría están prestos a ejercer su ciudadanía de forma integral.

¿Es un sueño? No, solo hace falta actuar.

El autor es miembro de la Fundación Libertad


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