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25/09/2017

¿Dónde está la carne?

Por: Miguel Angel Bolobosky Ferreira

En mayo del 2019, Panamá enfrentará lo que a juicio de muchos serán las elecciones de mayor importancia, repercusión y trascendencia de su joven historia; inclusive que las realizadas en los años 1984 y 1989. Cualquiera que sea el o la ganadora encontrará un país envuelto en una crisis institucional grave, una población incrédula hasta la médula y una carencia absoluta de liderazgo, factor este último determinante para precisar el futuro del país. A diferencia de otras naciones la nuestra está en una envidiable posición económica; principalmente en función de los ingresos provenientes del canal; el dinamismo de los sectores de la construcción, la explotación de minas y canteras, la intermediación financiera y el suministro de electricidad, gas y agua, razón por la cual el próximo “administrador de la cosa pública” que deberá también lidiar con aspectos tan sensitivos como corrupción, seguridad, reivindicaciones sociales y un complejo escenario internacional, deberá por sobre otros atributos, ser capaz de liderar a sus nacionales y extranjeros residentes hacia la nueva frontera que resulta ser “el dejar de ser una nación tercermundista” para convertirnos en una nación verdaderamente progresista y estructurada en donde impere el estado de derecho, la separación de los poderes y que el populismo sea cosa del pasado.

 

Contrario al decir gubernamental, Panamá no es un país pobre. Por lo menos así se percibe de la evolución del presupuesto general del Estado que año tras año y desde finales del siglo pasado ha sido aumentado hasta llegar al presente con cifras siderales que en lo personal jamás imaginé.

 

Para muestra un botón. El presupuesto general del Estado en el año 1999 fue de B/ 5,284,427,800.00 con una población aproximada de 2,971,000. Para el año 2017 fue de B/ 21,675,751,294 con una población estimada de 4,098,135. El proyecto de ley de Presupuesto General del Estado para el próximo año fiscal 2018 es por un monto de B/ 23,397.1 millones. La población estimada para el 2018 es de 4,158,783.

 

Todo lo anterior representa un incremento de más de 410% y 442% en un período de 17 y 18 años respectivamente, con incrementos per cápita que van desde 1,778 hasta 5,686 balboas supuestamente invertidos por habitante. Ante estas cifras y procurando ser cortes, sutil y hasta delicado se me viene a la mente una famosa frase publicitaria que es utilizada cuando la cosa se pierde o no se encuentra justificación lógica ante hechos consumados y que por ende persiste la duda: En los años 80 la cadena de hamburguesas Wendy's llevó a la televisión una propaganda cuya frase se convirtió en un ícono: "¿Where's the beef?" (¿dónde está la carne?) que desde su primera aparición se convirtió en una frase comodín utilizada para cuestionar, preguntar u objetar acerca del fundamento de una idea, acontecimiento, o hecho.  

La respuesta a mi pregunta dependerá de a quién le preguntes, y seguramente en un juego de pasa la bola, el presente responsabilizará al pasado inmediato y este a su vez al pasado pluscuamperfecto que a su vez representa el pasado perfecto, o sea que en conclusión, la carne se perdió; nadie se la quedó y el pueblo se jodió. Si bien esa ha sido la historia de mi país, desde mi perspectiva estamos a punto implosionar.

 

Necesitamos con urgencia una persona que motive el actuar laborioso de los ciudadanos para que las tareas que deban llevar a cabo dichas personas sean realizadas de manera eficiente ayudando de esta forma a la consecución de los logros generales y no particulares, conduciéndose con honestidad y probidad, pues el éxito del proyecto país estará en riesgo mientras no exista una "justa" distribución de las ganancias de productividad generadas y por generar. La transmisión de la información en tiempo real, el auge del comercio y la ampliación del mercado mundial han generado grandes ganancias en la economía nacional. Pero el reparto justo (no populista) de las ganancias de productividad ha sido esquivo de manera flagrante. Los datos son contundentes respecto de la reducción de la pobreza en los últimos 30 años pero seguimos viviendo en un país muy desigual.

El liderazgo honesto es el más difícil y escaso de todas las virtudes. Por eso los exhorto a encontrarlo a como de lugar.

El autor es miembro de la Fundación Libertad


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