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02/10/2017

Fronteras imaginarias, resultados reales

Por: Alejandro Vásquez Vallarino

El Diccionario del Diablo, obra satírica por el famoso escritor americano Ambrose Bierce, define la palabra frontera como: “una línea imaginaria entre dos países, separando los derechos imaginarios de uno de los derechos imaginarios del otro.” A pesar de ser imaginarios,  los derechos y su efectivo reconocimiento son un factor determinante de la prosperidad de un país. Es decir, son las reglas e instituciones de un país la base que permite o no a su gente generar y conservar su riqueza. Si deseamos ser un país pujante y desarrollado debemos prestar especial atención a las instituciones y reglas que promueven una mejor calidad de vida.

El Banco Mundial define como pobreza extrema vivir con menos de $1.90 diario; datos del Banco Mundial colocan al 3.77% de la población panameña y al 15.96% de la población hondureña en esta categoría. ¿Por qué existe una diferencia tan grande entre dos países de la misma región? El sistema político y económico de Panamá ofrece mayores incentivos a sus habitantes de educarse, emprender, acumular riqueza y ser parte de procesos políticos bajo la promesa que su propiedad será respetada ante terceros en mayor medida que Honduras. En otras palabras, Panamá goza de mayor libertad económica.

La libertad económica es la capacidad que tienen los ciudadanos de un país para interactuar y tomar decisiones libremente en búsqueda de su propio beneficio, siendo responsable de las consecuencias de sus actos y sin afectar a otros. La literatura ha asociado de forma contundente que mayor libertad económica se traduce en mayor crecimiento económico, ingresos per cápita y expectativa de vida en conjunto de reducción de la pobreza, desempleo y desigualdad. La expectativa de vida promedio (según datos del Banco Mundial) de países del cuadrante con mayor libertad económica (según el Reporte Anual de Libertad Económica 2017 del Fraser Institute) es de 80.7 años; mientras que la expectativa de vida promedio de los países del cuadrante con menor libertad económica es de 64.4 años. El mero hecho de vivir bajo ciertas instituciones indeseables baja la expectativa de vida por más de 15 años, veámoslo como la diferencia entre que un abuelo conozca a sus nietos o no.

La libertad económica se obtiene cuando existen instituciones de justicia funcionales que protegen nuestra propiedad y derechos, para esto se requiere de independencia judicial e imparcialidad de las cortes. Se obtiene cuando el gobierno es frugal en su gasto público evitando dar subsidios innecesarios y absteniéndose de cargar a los ciudadanos con impuestos agresivos. Se obtiene cuando las regulaciones permiten que los emprendedores formen parte de los mercados sin trabas y requisitos absurdos.  Obtener libertad económica requiere de un sistema donde las transacciones entre partes privadas sean libres de interferencia gubernamental como subsidios, controles de precios, regulaciones excesivas, privilegios y aranceles mientras se conserva un ambiente de protección y respeto a los derechos y propiedad privada.

No es casualidad que los países con peor calificación en el índice de corrupción (según índice de Transparencia Internacional) ocupan posiciones similares en el índice de libertad económica. Países con  baja libertad económica cuentan con grandes burocracias gubernamentales y regulaciones difíciles de navegar donde se desincentiva el emprendimiento honesto y se requiere de sobornos o influencias para obtener el beneplácito gubernamental. Políticas proteccionistas donde se garantizan privilegios a los allegados al poder a costa de todos son características de un país corrupto y con baja libertad económica. La corrupción es un síntoma de un estado grande y sobre regulador acompañado de una administración de justicia pobre. La incorporación de reglas sencillas ajenas al favoritismo no solo promueve la libertad económica sino que eliminan los espacios para la corrupción.

Panamá cuenta con grandes ventajas como su apertura al comercio mundial, libertad monetaria y relativa facilidad de emprendimiento. Al mismo tiempo enfrentamos un Estado en crecimiento perpetuo, planilla gubernamental excedida, fuertes regulaciones laborales, corrupción evidente y pésima administración de justicia. Si queremos ser el Singapur (No. 2 en índice de libertad económica) de las Américas hay que dejar a un lado el miedo a la competitividad, acabar con el favoritismo, reducir el tamaño del gobierno y solidificar la justicia; solo así tendremos una cultura de respeto, libertad económica y repudio a la corrupción como la de Singapur.  

El autor es amigo de la Fundación Libertad


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