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10/10/2017

Lo que se ve y lo que no se ve del Salario Mínimo

Por: Alexis Martínez

Lo que se ve y lo que no se ve” forma parte de las obras conocidas de Frederic Bastiat, un economista francés, que a pesar de ser del siglo XIX, sus argumentos y analogías son fácilmente aplicados a la realidad del siglo XXI.

Bastiat explicó que en la esfera económica un acto o una ley no engendran un solo efecto, sino una serie de ellos. De estos efectos, el primero es inmediato; se manifiesta simultáneamente con la causa, es decir, se ve. Los otros aparecen sucesivamente, por tanto, no se ven.

 

Partimos de esa premisa, y surge entonces la primera interrogante… Cuando el Estado emite una ley donde decreta el aumento de salarios mínimos, la consecuencia inmediata es que el trabajador obtendrá mayor remuneración por igual trabajo, se ve. Pero ¿Cuál es el impacto a mediano y largo plazo que genera el aumento artificial de los salarios? ¿Qué es lo que no se ve?

 

A continuación, presentaremos dos argumentos que constantemente son utilizados para apoyar el alza de salario mínimo, y lo contrastaremos con el efecto que no se ve, pero que se causa en la economía.

Aclaramos que no pretendemos ser exhaustivos, ya que dicho trabajo constituye un estudio extenso, con diversas variables económicas, sociales y políticas que mal podrían ser expuestas de forma apresurada.

 

1. Un mayor salario mínimo se traduce en mayor poder adquisitivo y mejor calidad de vida.

 

Si bien, a primera vista es lógico que el aumento de los salarios les brinde a las personas mayor capacidad de mejorar su calidad de vida. Esto no siempre es así.

 

Cuando el aumento salarial es obligatorio y no toma en cuenta las variables de cada industria, se tiende a afectar a la micro, pequeña y mediana empresa. La conocida relación entre rentabilidad y producción ocasiona, al menos, tres consecuencias indirectas.

 

Primero, las micro empresas encuentran barreras cada vez más difíciles de superar para poder subsistir; segundo, en la pequeña empresa se tiende a reducir el personal o, reemplazarlo con medios tecnológicos, al mantenerse los niveles de producción no puede sustentarse mayores costos operativos, y; tercero: las medianas empresas, quienes cuentan con mayor capacidad para afrontar el alza de los salarios sin la necesidad de disminuir el personal, suelen trasladar el aumento de los costos operativos al precio final del producto que comercializan.

 

Otra consecuencia es la contratación de mano de obra fuera de los parámetros legales. Por ejemplo, las empresas que contratan extranjeros que residen en Panamá de forma irregular y que aceptan un salario menor por la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran. Generando una percepción cada vez mayor en los naciones que los “extranjeros nos roban los puestos de trabajo”.

 

2. El salario mínimo favorece a la juventud ya que otorga la ventaja de acceder al mercado laboral con un mejor salario.

 

Panamá es el país con el salario mínimo más alto de la región, también, según cifras del Banco Interamericano de Desarrollo, es uno de los países con mayor índice de desempleo juvenil en la región, cerca del 35.8% al 2016, cifra que aumenta progresivamente, en promedio 1.5 puntos por año.

 

En el escenario presentado, los afectados son aquellos que cuentan con poca calificación y reducida experiencia, es decir: los jóvenes que ingresan al mercado laboral.

 

Aquellos jóvenes que no pueden ingresar en el mercado laboral, deben trasladarse al sector informal. Mismo que según cifras oficiales representa el 40.1% de la fuerza laboral en Panamá.

 

Entonces bien, ¿es posible eliminar el salario mínimo? ¿Cuáles son las alternativas? Mucho se argumenta sobre la protección que brinda el salario mínimo a los trabajadores, evitando el fraude y la explotación por parte de los empresarios a la clase obrera. Sin embargo, para ilustrar, en países como Finlandia, Suecia y Dinamarca, donde no existe un salario mínimo decretado, no se ven los escenarios de explotación que tanto nos preocupan, sus leyes contemplan un mecanismo de negociación en cada sector empresarial, ocasionando que los salarios se ajusten a las necesidades del trabajador, sin menoscabar las posibilidades del empleador y en el marco específico de la industria a la que pertenecen.

La autora es miembro del Círculo Bastiat de la Fundación Libertad


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