Artículos

06/11/2017

Un Gobierno complaciente

Por: Bryan Townshend B.

El gobierno demostró su complacencia y preferencia al ceder a la presión de los gremios y se confundió al creer que esta regulación va a solucionar el problema del transporte selectivo.  Vivimos en una época donde la innovación en los servicios nos ofrece la comodidad necesaria para aumentar nuestra calidad de vida a proporciones gigantescas, y en nuestro país existe una demanda altísima de transporte, ya que moverse en Panamá es una dificultad gracias a los estancamientos diarios y casi omnipresentes.  

El pueblo conoce las dificultades para acceder al transporte público, causadas por una ciudad que creció sin planificación. También sabe acerca de la incompetencia del transporte selectivo, el clásico “no voy” además de las tarifas abusivas, la inseguridad de su servicio y con un nivel de calidad tan bajo, que se compara con el nivel de honestidad de nuestros gobiernos.  

Una gran parte de esta problemática se ve mejorada  gracias a los servicios que ofrecen las plataformas tecnológicas. Éstas son empresas que proporcionan a sus clientes una red de contacto, lo cual brinda acceso facilitado a un transporte privado, a través de su software de aplicación móvil que conecta a los pasajeros con los conductores de vehículos registrados en su servicio, los cuales ofrecen un servicio de transporte a particulares.  

Lastimosamente los operadores del transporte selectivo, en su mayoría,  no intentaron competir mejorando la calidad de su servicio y al contrario, buscaron  mediante amenazas y huelgas, que el gobierno creara restricciones a las plataformas.

Entre las regulaciones que el gobierno busca imponer, por medio del Decreto Ejecutivo recién publicado,  encontramos las siguientes: los conductores tienen que ser mayores de 21 años, los vehículos no pueden tener una antigüedad mayor a 7 años, el conductor debe contar con una licencia E1 (disponible únicamente para panameños), el servicio podrá prestarse exclusivamente en las provincias de Panamá Oeste, Panamá, Colón y Coclé… y además se ordena eliminar el pago en efectivo. 

¿Será esto un intento momentáneo para desenfocar la atención de Odebrecht y el alto grado de corrupción en el país? No es posible que perdamos nuestra libertad para elegir cómo deseamos transportarnos a nuestros destinos.  Muchas oportunidades se han perdido a causa del “no voy”, necesitamos de un servicio apto para el individuo promedio, con las mismas facilidades que nos “ofrecen” los otros transportistas.  

En Panamá, un taxi funciona mediante un “cupo” ofrecido por el Gobierno. El mismo dió un número elevado de cupos a instituciones privadas las cuales actualmente alquilan los automóviles a los conductores por una cantidad monetaria diaria. Esto ha repercutido en tarifas muy por encima de las establecidas además de no poder exigir un buen servicio ya que no hay un “quien” superior para poner las quejas. Y se pensará en los mismos taxistas o en los funcionarios públicos, pero hay que “bajar de la nube”… Los primeros son tan inconsistentes que no se sabe si al momento del reclamo te agredirán física o verbalmente; y a menos que no haya una oportunidad de la que se pueda sacar provecho, el gobierno no intervendría en este fenómeno.  

Muchos pensarán que esto no influirá en su vida, pero poco a poco se nos está privando nuestra libertad en la toma de decisiones personales, en la realización de acciones, hasta en la expresión de ideas… y en nuestros vecinos hemos visto lo que sucede cuando se priva la libertad: desastre, hambruna, analfabetismo, subdesarrollo… infelicidad.  

En vez de imponer regulaciones a aquellos servicios de calidad, ¿por qué no exigirlos en aquellos que no ofrecen versatilidad, comodidad y seguridad a los usuarios?. Si el gobierno decidiera apoyar a los taxistas para que sus servicios mejoraran, esta polémica no existiría en un principio. Regular las edades del conductor y vehículo funcionarán para mejorar  el sistema de transporte pero no la forma de pago ni sus áreas de acceso. Hay que darles la libertad a los competidores para que se desarrollen y sólo así, con la satisfacción de los consumidores, todos nos vemos beneficiados del desarrollo económico.

Solo entendiendo esto, un Panamá con igualdad de oportunidades y libertad de actividades logrará prosperidad y desarrollo.

El autor es miembro del Círculo Bastiat de la Fundación Libertad


  Bookmark and Share

ARTICULOS

Artículos recientes

Un Gobierno complaciente

Por: Bryan Townshend B.


La presunción de inocencia

Por: Miguel Angel Boloboski Ferreira