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27/11/2017

La estatización de lo espontáneo

Por: Roberto Brenes P.

Con el afán de preservar nuestro folklore y nuestras tradiciones patrias nos inundan iniciativas legislativas. ¡Mucho cuidado con lo que se busca y lo que se obtiene!  El resultado a menudo es una condena a muerte a lo que se quiere proteger. Y en general, estas iniciativas congelan la muy humana inclinación para crear, modificar y transformar las manifestaciones culturales de su entorno. La inclinación a lo espontáneo, sin más reglas que la iniciativa humana, es lo que ha hecho al planeta más diverso, más genuino y más divertido.

Siempre por estas fechas, nuestros legisladores y gobernantes les entra una especie de fiebre de melancolía patriótica y se llenan de ideas para reglamentar o para definir desde el almojábano hasta la chicha fuerte. No me queda muy claro que es lo que se pretende el diputado, con apodo de fritura, elevando a ley una definición de “pindín”, que la mitad del país no comparte y lo otra mitad no conoce. Al final, la gente seguirá festejando y los bailes de pueblo se llamarán otra cosa y el nombre del pindín legislado, acabará en el olvido de la Gaceta Oficial.

Algunas iniciativas son bastante inocuas. Pero las que tienen que ver con los símbolos patrios, incluida la pollera, que buscan preservar la tradición y el uso de los símbolos, lejos de fortalecerlos los debilitan. Insistir que el Himno Nacional solo se interprete de cierta manera, o que para la pollera solo se reconozcan ciertas usanzas y prendas, es limitar la evolución de estas expresiones.  Y no es que cualquier traje puede ser pollera ni cualquier trapo pueda ser bandera oficial, pero tratar de definirlos es a la vez limitarlos.  Y limitarlos hace más por acartonarlos que por acrecentarlo o promoverlos.

Uno de los argumentos subyacentes para imponer reglas es que toda apertura cultural aleja a los símbolos de lo “panameño”. Aquí, los marxistas  criollos arguyen que las desviaciones de lo tradicional es abdicar a nuestras raíces y refocilarnos en la decadencia del “imperialismo cultural. Hello! . Más bien, somos invasores culturales y a mucho orgullo!.  Porque si algo ha irrumpido con fuerza en el escenario musical global son nuestros raperos y regueseros, una manifestación cultural espontánea nacida del crisol de razas desde los tiempos de la construcción del canal. 

Además, no veo como tembleques hechos en China, que reemplazan los costosos y cada vez más escasos tembleques de perla y nácar sea una abdicación cultural. Más bien las prendas importadas, quizá no tan fieles al original, hacen posible que más gente de recursos limitados pueda, por fin, adquirir y lucir su traje típico. 

Las manifestaciones culturales no se refuerzan prohibiendo lo de fuera si no dándole cabida a todas. Los países más religiosos no son los que te obligan a un dogma sino aquellos donde hay verdadera libertad de culto. Igual pasa con las manifestaciones culturales, son un capital siempre creciente a favor de la gente y la diversidad de los pueblos.   

Que la gente en su actuar y pensar tengo un tácito entendimiento de lo típico o lo patriota, es normal. Lo que es fatal es que esta directriz emane del Estado. A menudo esto es la muerte del fenómeno cultural. Sobran ejemplos de cómo el “Ogro Filantrópico” del Estado ha destruido valor cultural. Siempre pienso el Muralismo Mexicano un género vigoroso, impactante y muy nacionalista, con grandes intérpretes que se congeló cuando el gobierno mexicano lo adoptó como la pintura oficial. Hoy perviven los murales, sin escuela, ni discípulos, ni nacionalismo. 

Antes de seguir alentando este inútil positivismo legislativo, recordemos que el origen de nuestra cultura y nuestro folklore fue la combustión espontánea de razas, creencias y tonadas, del esclavo y del arrabal. Nuestro increíble acervo cultural nace a contracorriente del “establishment” sin bandos reales ni decretos. ¿Por qué pretender ahora que las cosas del espíritu pervivirán por la fuerza de una ley, o por resolución del INAC? 

Además y perdonen la curiosidad pero, ¿cómo se redacta una ley que regule las tonadas Tableñas, los  afinamientos para un Reggae o nuestro tricolor en las maracas de Rubén Blades? Me cuentan. 


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