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25/12/2017

El próximo Chile

Por: Sebastián Espíndola Yáñez

El 17 de diciembre el escenario político de Chile cambió radicalmente tras el balotaje que concedió una segunda presidencia a Sebastián Piñera, quien obtuvo un resultado sorpresivo de alta votación que no se veía desde 1993. Logrando regresar a La Moneda con un 54,58% de los votos válidamente emitidos, superando los duros pronósticos y las dificultades propias del voto voluntario que amenazaba con arrastrarlo junto a su contendor a un empate técnico.

Es esencial considerar el deterioro paulatino de la convivencia social producto de una profunda ideologización de las élites. Las indefiniciones propias de la tendencia centrista tanto de la izquierda como de la derecha en atenuar sus principios para buscar acomodar su bienestar en un algún lugar en el campo estatal, abrieron la puerta a una radicalización hegemónica de la izquierda. Ello se evidenció durante el período de campaña en las elecciones del 19 de noviembre, en que importantes rostros de medios de comunicación y desde gremios se atacó constantemente a los candidatos de la oposición (José Antonio Kast y Sebastián Piñera) en lugar de discutir sus ideas y propuestas; un ejemplo polémico se produjo cuando la Central Unitaria de Trabajadores apartó a ambos de un foro en donde se invitó a los seis candidatos restantes.

Ese Chile sensible e inquieto ante la falta de principios en la política que ha visto pocas soluciones en la extensa discusión transversalmente entre partidos cuyas respuestas se han inclinado a una tercera vía que irracionalmente aumentó los tributos, deslegitimando la posibilidad de libre elección individual e incentivando el financiamiento fiscal en temáticas clave como en la educación, el funcionamiento de los partidos o el asistencialismo y deslegitimando la propiedad de las pensiones es el que recibirá el expresidente el próximo 11 de marzo. Un país completamente distinto al que él esperaba en marzo de 2010.

La aparición de nuevos conglomerados políticos como el Frente Amplio (movimiento de izquierda refundacional) o el reciclaje del bloque oficialista en ejercicio, Nueva Mayoría, se transformará en bloque progresista (Partido Socialista, Radical, Partido Comunista y otros partidos socialdemócratas pos-transición), unido al carente relato en la “centro” derecha generará un complejo camino para intentar revertir las políticas públicas de expansión estatal. La estrategia de la izquierda en los últimos cuatro años, cuyo eslogan de la “retroexcavadora” que aflojó los cimientos de la economía social de mercado y del límite gubernamental para asegurar las garantías individuales en la sociedad. Siendo certero el diagnóstico del abogado Axel Kaiser días atrás al expresar que “Bachelet corrió los límites de lo posible avanzando en el camino socialista que se propuso para terminar” con el “modelo neoliberal”, por lo que la victoria cultural es rotundamente para ella por  encaminar al país a un modelo de intervención en todos los ámbitos de la sociedad. Y en este próximo gobierno en que se arriba el Frente Amplio, es decir, una nueva izquierda hegemónica que procura cambiar la institucionalidad, será una oposición más fuerte que la tradicional porque para “articular a la sociedad” se ha propuesto generar un proyecto transformador en que se desplace al mercado como un espacio de movilidad social hacia un modelo estatal de “justicia social” que aborde la salud, las pensiones y la educación, elementos clave que según ellos se mantienen apresados por el dinero.

El destino de una victoria de los Frentes podría ser revertido, de mostrar en público la actitud firme y seria que acostumbra en privado el exmandatario, en un gobierno que asegure: un gasto focalizado exclusivamente en los 2 millones de chilenos en la pobreza, fortaleciendo el terreno del mercado con una revolución de modernización tributaria para todos los emprendedores y desideologizando el terreno de la libertad de expresión, elemento en peligro para la sociedad civil en donde la izquierda rendirá la próxima batalla cultural. Pero un Sebastián Piñera “centrista” propenderá una fácil articulación de la izquierda en tres oposiciones: desde los vestigios de la Nueva Mayoría; el desembarco del Frente Amplio; y, el rincón transversal de los socialdemócratas (entre progresistas y grupos liberales). Que, de persistir la pobreza doctrinaria y principios en la derecha, devendría en un gobierno colaboracionista del socialismo refundacional en las leyes y garantista de la neoizquierda en la calle, la misma que sin miedo arrasó con violencia las calles de Santiago en 2011.

El autor es amigo de la Fundación Libertad e investigador en la Fundación Ciudadano Austral


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