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01/01/2018

La economía colaborativa y los costos de transacción

Por: Jaime Raúl Molina

El progreso de la humanidad se da en la medida en que reduce los costos de transacción. La continua división del trabajo genera eficiencias que son las que le han permitido a la Humanidad, primero, salir de la mera subsistencia, y de allí el aumento del intercambio económico (comercio) que ha permitido mejorar de manera continua los estándares de vida. En los últimos 200 años, en particular, el aumento ha sido sin precedentes. Todo esto habría sido imposible sin la continua reducción de los costos de transacción que permiten precisamente esa continua división del trabajo.

El desarrollo y expansión de las telecomunicaciones, en particular durante la segunda mitad del S. XX, contribuyeron a facilitar de manera notable las transacciones y el intercambio comercial. La globalización moderna ha sido enormemente facilitada gracias a las telecomunicaciones. En particular, la Internet ha sido y seguirá siendo un motor de reducción drástica de costos de transacción en todo el mundo.

En años recientes ha surgido modelos de negocios de lo que se conoce como economía colaborativa, en que, por ejemplo, propietarios de bienes como viviendas o autos pueden compartir con otras personas dichos bienes cuando no los están usando, y a cambio obtener un ingreso. Así, en Estados Unidos surgió AirBnb como servicio en que personas con residencias de ciudad o en sitios turísticos, pueden arrendarlos por períodos cortos de unos pocos días, a personas que requieran hospedaje en la ciudad o sitio de que se trate. En materia de transporte, están los servicios como Uber, Cabify o Lyft (este último aún no en Panamá).

Hay otros menos conocidos en Panamá, como Taskrabbit (aplicación para ofrecer o solicitar servicios ocasionales por día u hora como mesoneros, estibadores, plomeros, etc.), Fiverr (aplicación para ofrecer o contratar servicios diversos pero que no requieren presencia física del prestador del servicio), Lending Club (sitio que aglutina personas con dinero para prestar y personas que requieren préstamos de dinero), y otros.  

Los sistemas de economía colaborativa reducen notablemente los costos de transacción de diversas maneras. Pero además permiten liberar capital enterrado, ya que permite a personas usar como bienes de capital, bienes que de otro modo solo podrían usar como bienes de consumo. No se requiere tener un PhD en Economía para entender que liberar capital enterrado solo puede llevar a la creación de riqueza de una manera que de otro modo no sería posible.

Por último, está el blockchain. Este es un sistema que permite el registro descentralizado, es decir, que no es llevado por una sola persona o entidad, sino que es un registro replicado múltiples veces en distintos nodos, a través de software, y que precisamente por esa cualidad de descentralizado, es muy difícil de adulterar por una persona o grupo de personas. Bitcoin, la famosa criptomoneda, está construida y funciona sobre un blockchain.

El blockchain es un futuro disruptor de muchos modelos de negocio, particularmente de aquellos en que la intermediación juega un papel crucial en dar confianza y verificación (como la banca, casas de remesas y otras formas de intermediación financiera). Y cuando digo futuro, me refiero a muy corto plazo.

Ante el surgimiento de la economía colaborativa y otras innovaciones como el blockchain, que permitirán reducir notablemente los costos de transacción, es importante que el estado no interfiera para impedir su desarrollo y expansión. Esta preocupación es latente porque muchas veces el poder regulador del estado es capturado por quienes buscan garantizarse mercados cautivos en detrimento del consumidor. A medida que veamos más casos de economía colaborativa, quienes controlan el poder regulador del estado deben abstenerse de la tentación de cortar las alas a los modelos innovadores para proteger los modelos de negocio tradicionales que puedan verse afectados por estos nuevos modelos de negocio. Esto va no solo con los taxis vs. Uber/Cabify/Lyft y los hoteleros vs. Airbnb, sino también con la banca y casas de remesas vs. criptomonedas. Las regulaciones que pretendan cortar las alas a estas innovaciones para proteger modelos de negocio tradicionales, van a tener tanto éxito como el que tuvo el sector de telecomunicaciones tradicional en sus acciones legales contra Net2Phone: ganaron una victoria pírrica pero eventualmente perdieron la guerra.

El autor es miembro de la Fundación Libertad


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