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08/01/2018

La dignidad tiene memoria

Por: Bryan Brennan

El nuevo año guarda la esperanza para muchos panameños de poder finalmente vislumbrar la luz al final del túnel, luego de una asoleada de eventos desafortunados que nos han sumido en la incertidumbre y el declive.

Panamá vive hoy una crisis institucional, consecuencia de gobernantes totalmente desconectados de la realidad del país e incapaces de velar por el interés nacional dentro de nuestras fronteras, así como a nivel internacional ¿Cuánto más tiene pasar para que despertemos e indignarnos?

Con tanto en juego, hay que recordar que ya hemos recorrido este camino, diferentes botas pisándonos el cuello, sin embargo, la opresión sigue siendo la misma.

Esta vez en la forma de un Estado que crece cada vez más y que ha pavimentado un sistema de incentivos que lejos de acercarnos a los bases de una sociedad próspera y productiva, perpetúa un sistema de dependencia a la clase política de turno que cada vez más corrompe la fibra más profunda del tejido social de nuestra sociedad.

Paralelo a esto contamos, con una diplomacia entreguista que en vez de resguardar y defender los trabajos de miles de panameños que son generados a través de nuestra plataforma de servicios, nos han convertido en observadores impotentes de cómo se destruye nuestra competitividad con tal de ser complacientes a organismos internacionales que violan flagrantemente el derecho internacional al inmiscuirse en la soberanía panameña a través de la coerción y sin reproche alguno de las autoridades que constitucionalmente fueron elegidas precisamente para defender el interés nacional ante estos ataques.

En vez de seguir el ejemplo de aquellos jóvenes estudiantes del Instituto Nacional y del presidente Roberto Chiari, quien ante su homólogo Lyndon Johnson, se plantó firme aquel 9 de enero de 1964 y rompió relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, preferimos la vía de la sumisión.

Si al cuerpo diplomático de turno le hubiera tocado encarar aquella situación, no hay duda de que estaríamos pidiendo perdón a las grandes potencias, en vez de defender la dignidad de nuestros mártires como bien se hizo aquel día.

Así mismo como en su momento muchos desprestigiaron las luchas por la reivindicación nacional bajo la consigna de “Soberanía no se come” y hoy vemos cómo el Canal se ha convertido en uno de los pilares de la economía nacional, por eso y más es preciso decir hoy que de “Dignidad sí se come”.

Esta dignidad es producto de entender el momento histórico que se vive, en donde la realidad del país, como en aquel entonces ya se hace insostenible y la indiferencia no es una opción cuando lo que está en juego es el futuro de generaciones de panameños por venir.

En el 2018 nos encontramos ante un momento decisivo siendo año preelectoral. La realidad es que por más que la ley haya cambiado, la campaña ya empezó. Por eso hay que estar atentos y no dejarnos engañar por el despliegue populista que veremos durante los próximos 12 meses en el cuál se utilizará toda la retórica disponible con tal de que los volvamos a elegir.

Más que nunca necesitamos recuperar nuestra dignidad y recordar que la grandeza de un país recae en sus ciudadanos, no en el gobierno ni mucho menos en su clase política.

Si ellos le han dado la espalda a través de la indiferencia a la refundación de la República y a la defensa del interés nacional, los panameños no lo haremos, porque nuestra dignidad tiene memoria y volveremos a rescatar el Panamá perdido una vez más, y convertir nuestras instituciones en la joya que hoy es el Canal bajo un solo territorio y una sola bandera.

El autor es miembro de la Fundación Libertad


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