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26/02/2018

De Instituciones, Ciudadanos y Caudillos

Por: Bryan Brenann

Un fantasma recorre Panamá: El fantasma del caudillismo.

 

Este espectro nace de la siguiente premisa “Si elegimos a las personas correctas entonces tendremos un buen gobierno.” sin duda, una de las frases más repetidas dentro de la sociedad contemporánea, sin embargo, cada cinco años aquellos que recibieron nuestros votos basados en esta premisa son los protagonistas de diversos actos de corrupción, reiniciando el ciclo en donde la explicación más lógica ante tanta corrupción parece ser que nos equivocamos y que sin duda la próxima vez lo haremos mejor, claramente, eligiendo a una nueva oferta de personas “íntegras” que sin duda harán el trabajo para el cual fueron elegidos por la voluntad popular.

 

Lamentablemente, los panameños ni elegimos bien a la primera y para no cometer el error nuevamente consideramos que es mejor reelegirlos porque siempre es mejor malo conocido, que bueno por conocer.

 

Luego de repetir el ejercicio electoral varias veces y ver que es prácticamente imposible escoger buenos servidores públicos, no nos resignamos y seguimos siendo optimistas. Por ello empezamos a buscar a este mesías político que finalmente traerá orden, paz y prosperidad al país.

 

Más temprano que tarde este ungido aparece y la historia nos muestra los resultados catastróficos que pueden dejar a su paso. El Estado de Derecho y la República violentadas, derechos humanos violados, economías destruidas, personas desaparecidas entre otras prácticas comunes que se repiten cada vez que implosionan nuestras democracias y queremos recurrir el camino fácil, al caudillismo.

 

¿Por qué el camino fácil? El Caudillo se convierte en el único que puede opinar, trazar y visionar para el país, esto resulta fácil porque las decisiones no se discuten solo se siguen, dejando el debate y el diálogo pilares de una democracia funcional a un lado.

 

En Panamá hemos recorrido este camino antes, sin embargo, parece que hemos olvidado ya las terribles heridas que dejan en la sociedad vivir bajo la bota de un gobierno totalitario, precisamente por lo cansados y decepcionados que estamos del engaño democrático que nos han vendido luego de la dictadura.

 

Entonces ¿Cómo cambiamos esto? Fortaleciendo la institucionalidad.es decir, que las reglas del juego sean respetadas, claras e iguales para todos. Donde no existan castas entre los políticos y los ciudadanos, ya que el poder les es limitado, independientemente de su profesionalismo o integridad. Los poderes del Estado y los funcionarios son controlados por la ley, y fiscalizados por un sistema judicial que realmente es eficiente, donde los fallos no se venden al mejor postor como vemos con impotencia suceder aquí, donde la justicia solo le sirve a las cuentas bancarias de algunos y no a los ciudadanos.

 

Cuando las instituciones son fuertes, la ciudadanía se blinda de los tiranos, porque el imperio de la ley prevalece por encima de sus ambiciones.

 

Sin duda la situación de Panamá es compleja y nos deja a la población decepcionada y agotada de tanta corrupción, poner la fe en un candidato no es la opción, pero crear a una cultura que exija el respeto al Estado de Derecho y la Institucionalidad es la cura a largo plazo de todos los problemas que enfrentamos hoy como país.

 

El autor es miembro de la Fundación Libertad

 

 

 

 

 

 

 


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