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09/04/2018

Promesas Vs Autodeterminación

Por: Vera Muñoz

Cada hombre es libre de levantarse tanto como le sea posible o deseable, pero el grado en el que piense determinará el grado en que se levantará”, Ayn Rand.

Cuando nuestro pensamiento se limita a ver una sola opción en la cual  asumimos el rol de víctimas y necesitamos al todopoderoso Estado presidencialista para arreglar nuestros problemas, tendemos a perpetuar como ciudadanos un ciclo insaciable de promesas e insatisfacción.  

Existe una ciudad, que aun estando tan próxima a impresionantes infraestructuras que conectan al comercio mundial, que moviliza millones de dólares al año en mercancías que se trasladan a todas las latitudes de la tierra, aun así permanece distante de una cultura de paz, de diálogo, de reflexión y de propuestas para su evolución.

Sin ánimos de señalar o cuestionar la legitimidad de las aspiraciones del grupo que se siente afectado por la lentitud de las mejoras y los millones invertidos, más que cuestionar al gobierno que los tilda de malagradecidos, o rasgarme las vestiduras por la violencia injustificada y el imperdonable saqueo, quiero llamar la atención sobre la falta de responsabilidad propia que nos mantiene perpetuando este ciclo sin fin.  Porque resulta que esta película ya la hemos visto y escuchado en muchas versiones, en blanco y negro y en tecnicolor y se titula así: Población indignada con gobierno incumplidor de promesas. O mejor así: Población víctima vs gobernante abusador.

Esta es la historia repetitiva donde siempre son otros los culpables de mis circunstancias y mis problemas, y en la que yo me siento a esperar que me cambien la vida. Este es el cuento del gobernante que me prometió a mí y a todos resolverme la vida, endeudándonos a todos con megaproyectos, con el dinero de los impuestos de todos, pero que cuando ejecuta su programa se queda corto en satisfacer unas necesidades que no son posibles de llenar a punta de cemento y concreto.  El rol del Estado está totalmente desvirtuado. Pasó de ser un facilitador de oportunidades a convertirse en Papá Noel, y el rol de los ciudadanos permanece estancado en el papel de inocentes, indefensos, y sin opción.

Parafraseando al renombrado escritor y conferencista, Anthony Robbins, si la felicidad está en el progreso, empecemos hablando de lo que vamos a poner los ciudadanos en la mesa y lejos de llevar una carta de navidad con empleos “big” y viviendas “big” hablemos de propuestas sobre esfuerzo, productividad, trabajo, capacitación y emprendimiento. Hablemos de nuestra responsabilidad.

Corresponde al Estado crear condiciones para el progreso de sus ciudadanos, para facilitar la apertura de nuevas empresas sin tanta burocracia, que a su vez generen empleos para la población. Está en nosotros como ciudadanos exigir que esas condiciones se den, y ser también parte de la solución, haciéndonos competitivos y productivos laboralmente, asumiendo la responsabilidad que conlleva aprovechar esas condiciones. Solo así sentiremos la satisfacción de crecer por nuestra propia autodeterminación.

Una cultura de diálogo y propuestas es posible cuando nos hacemos cargo, cuando somos 100% responsables.  La nueva película que quiero ver es la de “Ciudadanos crean 1000 nuevas empresas y aprovechan al máximo las oportunidades de progreso que facilita el Estado”.   

La Autora es miembro de la Fundación Libertad


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