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30/04/2018

La dignidad del trabajo

Por: Susana Lezcano

Desde niña aprendí que el trabajo dignifica y que cada vocación tiene su lugar especial en nuestra sociedad, así como esos “héroes del vecindario”, como la doctora, el panadero y el mecánico, quienes a través de sus trabajos forjan una mejor sociedad. Así mismo, la oportunidad de aportar a nuestro entorno a través de nuestros talentos es una condición que nos distingue como especie en este planeta, y el intercambio de los productos y servicios que generamos con ellos nos permite llevar sustento de nuestras familias.

 

A pesar del discurso inspirador sobre la dignidad del trabajo como derecho universal e inalienable, y de cada día lograr más mejoras sobre nuestras condiciones de empleo, vemos que nuestra clase política nos castiga con medidas que artificialmente manipulan el mercado y desincentivan la competitividad del individuo y por ende de las empresas. Mientras tanto, los autoproclamados dirigentes de la clase obrera buscan hundirlos más al promover barreras aún más altas para la empleabilidad de su gente precisamente en tiempos de incertidumbre económica.

 

Disfrazando intereses económicos bajo el canto de unidad y dignidad, vemos al mayor sindicato de nuestro país emitir exigencias salariales insostenibles y aplicar medidas coercitivas con las que secuestran a un país a su antojo. Demandan escalas salariales aplicando políticas que en vez de beneficiar a su colectividad, están basadas en prácticas discriminatorias, que incluso podemos argumentar que fueron diseñadas precisamente para evitar emplear grupos específicos, como explicó el economista inglés Sidney Webb, quien en su artículo La Teoría Económica del Salario Mínimo Legal publicado en 1912 describía el salario mínimo como garantía contra la contratación de mano de obra que él consideraba como inepta, refiriéndose a mujeres y discapacitados, y beneficiando en contraste a hombres hábiles. Hablamos de un pensamiento con más de 100 años de antigüedad, sin embargo y a pesar de convenciones firmadas y legislaciones aprobadas para garantizar la democracia en cuanto el acceso al trabajo, aceptamos como justas políticas que directamente atacan a poblaciones vulnerables e incrementan el costo de vida a todas las esferas de la sociedad.

 

¿Queremos dignidad para nuestros trabajadores? Esto lo logramos promoviendo la innovación, el emprendimiento e involucrando a la empresa privada y el sector académico para generar en conjunto soluciones para esa desconexión entre la demanda de recurso humano y las habilidades mercadeables de la fuerza laboral. Esto lo logramos enseñando valores y el orgullo por un trabajo bien hecho, en lugar de ahorcar a tu colectivo con un subsidio de $50 semanales.

 

Mañana disfrutaremos un día de asueto en memoria de quienes lograron las condiciones de trabajo dignas que hoy tenemos. Honrémoslos conociendo nuestros derechos, cultivando méritos y sirviendo de mentores a colegas más jóvenes. Enseñemos a nuestros hijos que el trabajo dignifica y que a través de su trabajo y su ingenio, ellos pueden forjar una sociedad mejor que la que tenemos hoy.

 

La autora es amiga de la Fundación Libertad


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