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28/05/2018

¿Quién es el gran ganador?

Por: Neftalí Zamora

Hechos: Para un ayudante de construcción que gana $3.71 por hora según la convención colectiva de febrero de 2008, los 23 días laborables que abarcaron la huelga convocada por el Suntracs (del 18 de abril al 18 de mayo), le hubiesen representado un poco más de $667.80 de salario bruto. Contando su prima acumulada, bono de asistencia, vacaciones proporcionales y su décimo tercer mes proporcional, este monto hipotéticamente aumentaría a más de $700 sin las deducciones exigidas por la ley. Esta es una suma de dinero que nunca verán para ellos ni su familia porque, queriendo o no, según su acuerdo colectivo, tenían que apoyar la huelga.

 

Ahora bien, el nuevo acuerdo colectivo entre el SUNTRACS y la Cámara Panameña de la Construcción (Capac) obliga a las empresas a dar un aumento salarial del 14% dividido entre los próximos cuatro años: 3% el primer y segundo año y 4% el tercer y cuarto año.

 

Considerando este escenario, el aumento para los ayudantes, el primer año (de $0.11/hora), representará $19.80 al mes sin deducciones, representando entonces un ingreso adicional de $217.80 dólares en concepto del aumento de precios realizado por el convenio colectivo. Esto durante su primer año, sin añadir prestaciones, si trabaja desde junio de 2018 hasta junio de 2019, recordando que el primer aumento de salario del trabajador irá directamente a las arcas del sindicato.

 

Las matemáticas son simples: los trabajadores no podrán producir el dinero perdido durante los días de huelga, en el primer año de trabajo. Esto en el mejor de los escenarios, pues las liquidaciones por conclusión de proyecto o fase de proyecto terminado son muy frecuentes dentro del sector de la construcción, así que es probable que los trabajadores queden desempleados durante una parte considerable de las horas laborables del año. Y, aunque el segundo año las cosas parecen ser mejores, al partir con un aumento de $0.11 centavos más, o sea, un aumento total de $0.22, que representa $475.80 al año, sin sumar las prestaciones estipuladas por ley, la realidad es mucho más difícil pues, a un mayor costo de mano de obra, el precio por metro cuadrado de la construcción se multiplicará.

 

Todo esto traerá tres realidades que poco beneficiarán al trabajador menos calificado: 1. al subir el metro cuadrado de construcción, los inversionistas privados demorarán en inyectar capital en este rubro, y por lo tanto serán menos los proyectos de construcción en los que estos colaboradores puedan conseguir empleo; 2. al subir el salario, los contratistas velarán por contratar mano de obra con más conocimiento y experiencia, dejando a los nuevos ayudantes de construcción con menos oportunidades de empleo, y 3. el precio de una vivienda digna subirá de manera exponencial, no un 14% en cuatro años, sino mucho más, y aquellos que en este momento no tienen acceso a una de estas casas, menos lo tendrán en un futuro.

 

En conclusión, en el mejor de los casos, el trabajador de la construcción verá su dinero devuelto a lo largo del tercer año de trabajo, pero la realidad del 2021 será mucho más difícil que la actual. Luego de tanta negociación en “pro del trabajador”, tal vez sean estos los que se vean más perjudicados por esta decisión colectiva.

 

El autor es coordinador del Círculo Bastiat de la Fundación Libertad

 

 


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