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14/05/2018

Constituyente: el problema no está en la sábana, sino en el paciente

Por: Miguel Angel Boloboski Ferreira

Ante la lobreguez del llamado a una posible Constituyente,  no nos queda más que adentrarnos en la ruta del psicoanálisis terapéutico que analiza retrospectivamente las causas morales y afectivas que determinan las dolencias de un paciente; para de alguna manera intentar interpretar lo dicho.

Invariablemente, hombres y mujeres sin excepción vivimos bajo la fascinación de la curiosidad por conocer de antemano el futuro. Para ello invocamos toda posible alternativa que nos lleve al logro de nuestro propósito prestidigitador. Así desde tiempos inmemorables existen los adivinos y demás vaticinantes que muy en serio procuran estructurar los posibles resultados de cualquier proyecto. Dicho lo anterior, yo que no soy ni lo uno ni lo otro, me remito a la historia como fuente probable de aquello que como seres humanos bien pudiéramos repetir, haciendo gala para ello de la expresión que bien indica: “El hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra”; e inclusive encariñarse tanto con la susodicha que termine deleitándose con sus tropiezos.

En fin, la posibilidad de prever él futuro y por consiguiente determinar la historia es más que improbable, y no pasa de ser un referente de analogías y tendencias de carácter general que pueden o no servir de guía para quienes la estudien. Es un hecho que cada situación histórica tiene sus propias características y contextualizaciones; por lo que cada una resulta ser distinta y requiere más que la repetición de lecciones pasadas que busquen resultados iguales o parecidos. Aun así y ante las recientes declaraciones presidenciales bien vale la pena plasmar algunas consideraciones.

La constituyente convocada por el presidente Ricardo Adolfo de la Guardia en diciembre de 1944, tuvo como resultado lo que para muchos ha sido “La Constitución más ponderada y democrática que ha tenido Panamá en su llamada era republicana, pues fue debatida en libertad y transparencia”; palabras del abogado y constitucionalista Dr. César A. Quintero Correa.

A pesar de contar con la que para muchos ha sido la mejor de todas las constituciones; desde1946 y hasta 1968 (año en que los militares se tomaron el poder) tuvimos trece (13) presidentes, o sea que el promedio de gobernanza que tuvo cada visitante del palacio de las garzas fue de un año y siete meses. De hecho, el golpe de estado de 1968 no fue producto del espíritu de la constitución del 46 ni nada parecido. Fue producto del comportamiento humano de todos los bandos. Así las cosas y absteniéndome de incursionar más allá del presente, pero teniendo al pasado como elemento guía, considero que los panameños bien podríamos haber sido conejillos de estudio para las teorías de Sigmund Freud; en especial aquella sobre “la Personalidad, consciente, inconsciente, Yo, Superyó y Ello”; que a menudo se explica utilizando la metáfora del iceberg: en donde el conocimiento consciente es la punta del iceberg, mientras que el inconsciente está representado por el hielo oculto debajo de la superficie del agua. Y eso somos los panameños, un gran iceberg que evita el conocimiento pues prefiere tenerlo sumergido, eludiendo enfrentar nuestro real problema que no es otro, sino que el descarado irrespeto que tenemos por las leyes, llámese esta constitución, ley, decreto, reglamento o inclusive constituyente. El problema no está en la sábana, sino en el paciente, y ese somos nosotros; los panameños.

El autor es miembro de la Fundación Libertad


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