Artículos

02/07/2018

Una tolerancia oscura

Por: Angela Jiménez

Muchos pensarían que en pleno siglo XXI vamos encaminados al mundo utópico de Tomás Moro, pero la realidad es otra. Vivimos en un mundo en donde la temática de los derechos es una subasta, aquellas sociedades más avanzadas en cuanto a cultura tendrán acceso a todos los derechos y, por ende, a las posibles modificaciones que estos puedan tener, pero ¿qué hacemos con aquellas sociedades  en las cuales los derechos y garantías no son respetadas?

Panamá es un país que por años se ha destacado en muchas áreas, lástima que una de estas áreas no sea en el respeto de los derechos humanos. En Panamá impera una cultura machista, en donde hay crímenes pasionales y crímenes por la dignidad, pero así mismo es una sociedad homofóbica. Esto ha quedado claramente reflejado en la manera en la cual nos comportamos como sociedad: “presentadores de noticias” con un gran poder mediático que empiezan a despotricar en contra de las personas de la comunidad LGBTQ+, jóvenes “instagrammers” que para ser “divertidos” adoptan un alter-ego homosexual, de esta manera desvalorizando la imagen de las personas homosexuales, entre otros casos.

Un miembro activo de la comunidad LGBTI+ me comentaba sobre lo difícil que fue, debido a los distintos tabúes que hay alrededor de lo mismo, poder admitir y vocalizar el hecho de que su orientación sexual no era la heterosexual. A la vez me decía lo difícil que es la situación familiar, puesto que, al ser su familia extremamente religiosa, no admiten que el sentir de esta persona es puro. Al fin es quien quiere ser y lo único que pide es que su familia pueda aceptar esto. Me comentaba también que vivir en una sociedad hipócrita como lo es la panameña, lo asfixiaba, puesto que era una sociedad que, aunque se comprometía a velar por sus ciudadanos en realidad se dedicaba a prohibir, vetar, eliminar, polemizar y tachar de malo todo aquello que estuviera relacionado con la comunidad LGBTQ+. Su conclusión es que en Panamá falta una buena dosis de sensibilización y de educación, ya que estos dos aspectos son claves para poder comprender que, como cita el artículo uno la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, “todos los seres humanos nacemos libre e IGUALES en dignidad y en derechos…” y a la vez, el comprender que nadie tiene derecho a juzgar a nadie, puesto que como dice el evangelio de San Juan 8:7, “ el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.

Es importante que empecemos a crear conciencia y que se cambien los estereotipos tan marcados que están preconcebidos en nuestras mentes. Es importante reconocer que los tiempos han cambiado, reconocer el hecho de que mi derecho termina en donde empieza el tuyo. No podemos seguir ignorando el grito de ayuda de nuestros hermanos miembros de la comunidad LGBTQ+, porque ¿si son nuestros hermanos en ciudadanía y en deberes, por qué no pueden ser nuestros hermanos al momento de disfrutar sus derechos?

La autora es amiga del Círculo Bastiat


  Bookmark and Share

ARTICULOS

Artículos recientes

Hacer robando o robar haciendo

Por: Roberto Brenes P.


Una tolerancia oscura

Por: Angela Jiménez


El flautista de Hamelin

Por: Miguel Angel Boloboski Ferreira